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La beata ciega (Dolores López)

Visionaria y ciega, la última ajusticiada (1781) por la inquisición sevillana. Barragana.

2 Referencias.

1 Diversas referencias tomadas de Internet

(Se señala la dirección web en cada caso) durantes Enero-Febrero de 2006,

En  Mario Méndez Bejarano (1857-1931)    Historia de la filosofía en España hasta el siglo XX [1927]  Biblioteca Filosofía en español, Oviedo 2000

"La segunda, la desdichada Dolores López, la beata ciega, prototipo de la mística vulgar con sus groseras degeneraciones sensuales. Acusada ante la Inquisición de que «ponía huevos», sufrió un largo proceso, y sus carnes, abrasadas en la hoguera, dieron testimonio del espíritu de los tiempos."

En Tiempo de Mujeres, Mujeres en el Tiempo 2005. Calendario donde en cada día se rememora a una mujer.

"24 de Agosto de 1781. Último Auto de Fe la Inquisición Sevillana. Condena muerte a La beata ciega"

En  El emplazamiento de la nueva Fábrica de Tabacos de Sevilla en "500 años de la Historia de Sevilla"

Durante la construcción e incluso años después de su remate, la Fábrica de Tabacos estuvo muy cerca del Quemadero de la Inquisición en el Prado de San Sebastián. La última hoguera se encendería alli el 24 de agosto de 1781, para quemar a una pobre ciega, María Dolores López, por fingir revelaciones divin

 El caso (AHN, Inquisición, leg. 3721) es descrito minuciosamente por Juan Antonio Alejandre en "Milagreros, libertinos e insensatos. Galería de reos de la Inquisición de Sevilla" (Universidad de Sevilla, 1997). La vida de María Dolores estuvo siempre marcada por la desgracia y el infortunio. Huérfana de madre desde niña, ciega desde los doce años, nunco poseyó bienes materiales, y condenada a la soledad, desconoció la amistad y el amor. Se le juzgó como hereje por fingir revelaciones -apariciones de Dios y ángeles- pero su delito fue sólo el de haber dado rienda suelta a su fantasía. Fue objeto de abusos por tres frailes, que luego debieron dar cuenta al Tribunal.

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Andalucía en la Historia nº 8 http://centrodeestudiosandaluces.es/index.php?mod=publicaciones&cat=23&id=2157&ida=0&idm=

Juan Antonio Alejandre nos narra el caso de la beata Dolores López, acusada de fabuladora y perjura por el Santo Oficio, y condenada a la hoguera en 1781. No hubo suficientes indicios de herejía, pero fue la última víctima de la Inquisición en Sevilla.

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En  A History of the Inquistion of Spain Volume Four Henry Charles Lea  BOOK 8: Spheres of Action CHAPTER 5 MYSTICISM

Further enumeration of these obscure cases is scarce worth while and we may pass to one which excited lively interest. María de los Dolores López, known as the Beata Dolores, had a successful and scandalous career for fifteen or twenty years, commencing at the age of twelve, when she left her father's house to live as a concubine with her confessor. Her fame spread far and wide and, for ten years, the Inquisition received occasional denunciation of her misdeeds without taking action until, in 1779, one of her confessors, to relieve his conscience, denounced both himself and her to the Seville tribunal. On her trial she resolutely maintained the truth of the special graces which she had enjoyed since the age of four. She had continued and familiar intercourse with [90] the Virgin, she had been married in heaven to the child Jesus, with St. Joseph and St. Augustin as witnesses, she had liberated millions of souls from purgatory, with much more of the kind so familiar to us, to which she added one of the errors of Molinism by maintaining that evil actions cease to be sinful when God so wills it. She was thus not merely an impostor but a formal and impenitent heretic, for whom relaxation was the only penalty known to the Inquisition. Burning, however, had well-nigh gone out of fashion, and the tribunal honestly spared no effort to save her from the stake. Eminent theologians wasted on her their learning and eloquence. Fray Diego de Cádiz, the foremost preacher of his time, labored with her for two months, and finally reported that there was nothing to do but to burn her. It was all in vain. God, she said, had revealed to her that she should die a martyr, after which, in three days, he would prove her innocence. The law had to take its course and, on August 22, 1781, she was formally sentenced to relaxation. As this left her unmoved the execution was postponed for three days to try the effect of fresh exhortations. This failed and, during the sermon and ceremonies of the auto, she had to be gagged to suppress her blasphemy. As so frequently happened however, her nerves gave way on the road to the brasero; she burst into tears and asked for a confessor, thus gaining the privilege of strangulation before the faggots were fired. (165) 

2 Por Espido Freire

UNA HABITACIÓN PROPIA

La beata Dolores: ciega y pecadora

por ESPIDO FREIRE

Tomado de Campus, suplemento del diario El Mundo. Miércoles 14 de Junio de 2006 http://www.elmundo.es/suplementos/campus/2006/461/1150297250.html página vista el 28 de Enero de 2012

No fue la única, pero posiblemente sí una de las más famosas, una de las que alimentó más la leyenda de las brujas, y de los horrores de la Inquisición. De la beata Dolores se dijo, incluso en Francia, que era una ciega hermosa y joven, y que de haber nacido en otras tierras su sensualidad hubiera sido más apreciada. Pero nació en España, a mediados del siglo XVIII, entre los estertores de la Inquisición.

Sus padres no presentaban taras sospechosas ante los ojos de la Iglesia: eran cristianos viejos, sevillanos, y, como se esperaba de ellos, daban poco de qué hablar, y aceptaban con resignación la ceguera de la pequeña; no había muchas opciones para ella: o la mendicidad, o algún oficio relacionado con la música, o la costura. Pero a los 12 años decidió su suerte: se fugó para amancebarse con su confesor, con el que vivió hasta que tras su muerte, cuatro años más tarde, se quedó sola de nuevo. Dicen que él murió gritando que se la llevaran de su lado y arrepintiéndose de los pecados a los que la ciega le había instigado. No era una situación aislada, como se puede comprobar, ni tampoco una actitud infrecuente: se castigaba a la víctima de una violación por provocar a su atacante, a la barragana por corromper al sacerdote. En la mujer radicaba el pecado. En el hombre, la inocencia y la impulsividad.

¿Fue entonces, privada de su medio de vida, cuando comenzaron sus visiones, y sus profecías? Quizás un poco más tarde, cuando se la expulsó del convento de Carmelitas de Nuestra Señora de Belén, donde había ingresado como organista. Entonces se hizo con un hábito, que sería su vestimenta de por vida, y buscó como pudo un modo de sobrevivir.

Hizo lo que mejor sabía: buscó a otro cura con el que vivir, en este caso su confesor de Lucena, y se creó su propio universo religioso. A las profecías (se decía de ella que podía ver sin ojos) se unían las extravagancias: hablaba sola o con su invisible ángel de la guarda, y tuteaba a la Virgen y al Niño Jesús, al que llamaba el tiñosito. Si hablaba, lo hacía de muy cerca, de manera que podía oler su aliento, y su propia ropa. Debía de ser una mujer impresionante, con sus ojos fijos, su roce constante con la locura y la religión, y un poder de convicción a toda prueba. Decían que preparaba brebajes milagrosos, y que era capaz de poner huevos. Se la consideraba una santa y una bruja, una mujer excepcionalmente sabia, pero peligrosa.

Sin embargo, no sabía ser discreta. Su segundo amante fue encarcelado, acusado de costumbres escandalosas, y enviado después a un convento fuera de la provincia, casi una prisión, por lo rígido de sus normas. Dentro de lo malo, no salieron mal librados; ella regresó a Sevilla, y no varió demasiado su comportamiento. Durante 12 años más continuó escandalizando al mismo pueblo que luego la mantenía con sus regalos, y condenada como una bestia sensual por los mismos sacerdotes que luego compartían su cama.

En julio de 1779, uno de esos confesores, acosado, la delató a la Inquisición, y de esa manera aligeró un poco su propia confesión. Sus vecinos testimoniaron en masa contra ella. No debía tener más de 30 años, y las descripciones de los Autos insisten en su maldad, y en su fealdad casi repugnante: la describen como morena hasta el exceso, como era entonces costumbre de mostrar al diablo. ¿Por qué entonces el pueblo la recordaba hermosa e irresistible?

La torturaron durante dos años, y no consiguieron que flaqueara. Nunca reconoció la menor traza de culpa, ni de pecado. Su defensa se basaba en el hecho de que, desde los cuatro años, el cielo la había favorecido con poderes especiales, y que eso le había permitido aprender a leer y escribir por sí misma. Que a cambio de su ceguera, pero también de las flagelaciones, los ayunos, y todas las privaciones a las que se sometía, la Virgen María había accedido a ser su amiga, y la visitaba todos los días. Que entre ambas habían liberado a millones de almas de los sufrimientos del Purgatorio. Y que se había casado en el cielo con el Niño Jesús, con San José y San Agustín como padrinos.

La acusación más grave que pesaba sobre ella era la de seguir la doctrina molinosista: un siglo antes, Miguel de Molinos, un clérigo muy influido por las prácticas orientales, había hablado de la abolición de la voluntad como un modo de llegar a la perfección espiritual. Esa teoría se consideraba una herejía que permitía todo tipo de desenfreno. Con la beata Dolores la Inquisición hizo lo que pudo; alternaron las torturas con las charlas de teólogos. Fray Diego de Cádiz, un capuchino del que se decía que podía competir en elocuencia con San Pablo, se dedicó a ella durante dos meses, sin interrupción. Pero aquel hombre que llevaba al llanto a 40.000 personas en un sermón abierto no pudo con ella, que cuestionaba cada una de sus preguntas y de sus teorías.

La amenazaron con torturas aún peores, y con la deshonra de la familia. Contestó que no tenía miedo y que le importaba poco su familia, cosa que posiblemente era una gran verdad. El día 22 de agosto de 1781 fue condenada. Relajada al brazo seglar, era el término correcto. No pareció afectarle. Los dos días que le quedaron de vida los pasó encerrada en una capilla, indiferente a los consejos y amenazas del gobernador eclesiástico de la diócesis. Se negó a dar su brazo a torcer o a confesarse.

Se la llevaron vestida de blanco. Junto a ella, un fraile rogaba a quienes la miraban que rezaran por su alma y por el perdón. Leyeron el proceso, y otro padre famoso, Teodomiro Díaz de la Vega, del Oratorio de San Felipe Neri, sermoneó al pueblo, para que vieran la piedad de la Inquisición y sus esfuerzos por llevar a mujeres como aquella por el buen camino. En ese momento, ella comenzó a blasfemar. Hasta entonces, había permanecido en silencio. El padre Vega la amenazó con el crucifijo, y gritó más alto que ella.

Entonces, se quebró. Comenzó a llorar, y cuando llegó a la plaza de San Francisco, donde se alzaba la hoguera, pedía a gritos la confesión. Con eso ganó unas pocas horas, y consiguió una rebaja de la tortura: la horca (1) en lugar de la hoguera. Dicen que murió sinceramente arrepentida, pidiendo perdón por su propia vida. Cuando la descolgaron de la horca, entregaron su cadáver a las llamas.

(1) Nota de BMA: No fue ahorcada, sino muerta por Garrote Vil. Vease Alejandre, Juan Antonio Andalucía en la Historia nº 8